domingo, 1 de diciembre de 2013

LOS CHANEQUES

Cuentan Las leyendas que los poblados eran víctimas de los chaneques, estos eran las almas de niños no bautizados que murieron y buscaban otras almas inocentes para hacerles compañías.
Los chaneques se robaban a los niños y los perdían en el bosque, los podres para evitar esto colocaban una tijeras bajo la almohada de los niños, según la creencia esto los ahuyentaba. También cuentan las leyendas que si una persona se pierde en el bosque debe de colocarse la ropa alrevez, ya que al hacer esto evitara que los chaneques los pierdan aún más.
Cuentan las leyendas que en algunos poblados los niños son llevados a dormir desde muy temprano ya que por las noches se puede escuchar como los chaneques juegan en las calles, y si alguien está despierto comienzan arrojar piedras al tejado y a la ventana.

LA CARRETA DE LA MUERTE

Hace algunos años en la ciudad de Oaxaca se podía escuchar por las noches un extraño ruido, uno que solo se podía comparar con el sonido de caballos tirando una carreta, nadie nunca podía ver que era exactamente.
Un día una de las mujeres del pueblo salió a ver lo que pasaba y rápidamente cayo desmallada y no despertó por algunos días, y cuando finalmente lo hizo dijo que había visto una carreta tirada por un enorme caballo blanco montado por una figura negra. Tiempo después otra señora al escuchar los ruidos también quiso saber que los ocasionaba y se asomó por una de las ventanas, al hacerlo miro lo mismo que la primera mujer, pero nadie le creía. A los tres días la mujer falleció, con marcas en el cuerpo, como si la hubieran estado arrastrando, desde entonces nadie quiere asomarse a ver que ocasionan los ruidos.

LA LEYENDA DEL CALLEJON DEL MUERTO

 En los tiempos en que la corriente eléctrica no había sido instalada en la ciudad de Oaxaca, rondaban "Los Serenos"; personas que patrullaban las calles portando un farol y que anunciaban en la quietud de la oscuridad las horas y mantenían vigilados los barrios de la población.Cerca de la Basílica de La Soledad corría un Sereno a la media noche. Corría de prisa, rumbo a la iglesia del Marquesado; momentos antes, un grito desgarrador rompió el frío silencio del callejón 2 de Abril. El grito de dolor de un hombre llenó la callada atmósfera del rumbo. El paso veloz del hombre que descendía por el callejón no parecía inmutar el ambiente.
Al llegar a la iglesia llamó a la puerta y apareció el párroco; el individuo le dijo que en el callejón 2 de Abril había sido apuñalado un hombre, que estaba moribundo y con la firme intención de dar su confesión antes de partir. Condujo al párroco hasta donde el desafortunado se debatía entre la vida y la muerte con una gran herida en el pecho; el cura se inclinó hacia el herido y escuchó una larga y penosa confesión para después absolverlo. Al término de la confesión, buscó con la mirada a su acompañante pero ya no se encontraba. Se dice que por curiosidad levantó el farol sobre el rostro del ya muerto entonces. Se encontró con la gran sorpresa de que el muerto era el mismo hombre que lo había guiado hasta el lugar.
El cura regresó al curato presa de gran miedo y terror. Días después cayó enfermo de gravedad y al reponerse conservó durante su vida una sordera total del oído.